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En el mundo hay varios juegos a los que no se les da la debida importancia en el sentido de que son algo más que un simple pasatiempo y representan el nudo de la vida en sus múltiples facetas si tienes en cuenta que cada casilla sobre la que te posas podría ser una de tus vidas pasadas en esclavitud. Y con esclavitud me refiero a que se trata de una vida en la que no has podido llevar a cabo tus deseos y queda pendiente en un tablero para que la vuelvas a jugar en la siguiente partida.

En el cuadrado de la Oca hay múltiples insinuaciones de trabajo interno; hay pájaros que vuelan a ras de suelo y te permiten avanzar dando saltos de gigante si aciertas a caer en su mundo; hay un laberinto en el que te puedes quedar atrapado sin saber dónde está la salida; hay una cárcel con sus rejas que recuerda a la pandemia; una posada donde poder descansar del duro esfuerzo que supone estar vivo entre tanta miseria humana; diversos seres de otros planos con forma de animal o espectros que bailan al son de la muerte para anunciarte que tienes que volver a empezar la partida y regresar al punto cero para repetir la jugada.

En este juego se puede encontrar además la salida cuando llegas al final y aterrizas en la casilla 63, lo cual significa que has superado con éxito tu vivencia en este plano y has logrado liberar algún recuerdo dañino de tu inconsciente si lo que haces al jugar es recrear la intención de sanar algún episodio de tu vida en conflicto, como una discusión con amigos o familiares que no están de acuerdo con tu proceder.

Te propongo el juego de la Oca como manera sana de limpiar el inconsciente dándole un toque divertido a la terapia. Y si lo haces con Amor, podrás ver el efecto inmediato en tus relaciones personales, que se limpian mientras juegas y recolocan a cada uno en su lugar.