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La sabiduría esotérica nos habla de que existe una montaña en el corazón que se tiene que escalar al entrar en contacto con la parte luminosa, que como muchos ya sabéis, corresponde a la mitad femenina del alma.

Para llegar a la cima de la montaña hay que entablar amistad con el Ser Superior, que blande la espada que permite que la mujer se libere de la carga que lleva impuesta por efecto de la distorsión mental de su otra mitad, la que la obliga a creer que no sirve para nada y no está preparada para hacer de su vida un jardín de rosas sin espinas.

La carga impuesta por el tiempo la hace parecer mayor, pero es solo una apariencia de su realidad interna en la que no hay edad ni problemas que la impidan avanzar por la senda que ella misma se marca cuando está convencida de que puede hacer lo que quiera para sanar su alma, desde darse un baño de espuma con sales aromáticas hasta un paseo por la naturaleza o una comida deliciosa que te da un placer inmediato si se acepta desde el corazón.

El placer incorporado en la materia se canaliza a través de los órganos sensoriales, entre los que se incluye la montaña del corazón o Monte de Venus, ya que el corazón representa a ese planeta donde reside la belleza y la disposición a hacer el bien.

En el Monte de Venus no hay rencor ni discordia ni nada que reprochar a tu supuesto enemigo, que no forma parte de esa mirada amable y llena de salud que evita la maldad para que nadie se sienta ofendido. Pero en ese lugar tan espacioso y lleno de recuerdos de muchas vidas anteriores, hay uno en especial que deberías tener presente allí donde vayas, el de la parte luminosa de tu media naranja al que no se puede acceder si no confías en ti mismo y en tu potencial sanador del tiempo.

La luz del alma es la que realiza el trabajo de sanar la historia personal y colectiva de los errores cometidos en el espacio tiempo a lo largo de eras de inconsciencia, pero también es la que actúa sobre el cuerpo denso para paliar las heridas del desamor que se transforman en episodios dolorosos en los huesos y dedos de las manos y los pies.

En los huesos se guarda la memoria de muchas vidas pasadas y esa influencia forma parte del inconsciente colectivo de la Humanidad, acentuando su poder a medida que la luz se apaga en el aura por el paso del tiempo sin haber conectado con el Ser Superior para preguntarle por qué se mantiene al margen de la realidad terrenal y no ayuda al ser humano a descubrir lo que le pasa; por qué sigue ciego y no atiende a razones de orden superior y por qué se le va la vida en ganar dinero sin abrirse a otros mundos que podrían darle mucho más placer que el material.

El orden interno del Ser Superior no permite las dudas y si uno no está convencido de que vale su peso en oro y mucho más, no se puede hablar con Él hasta que no decidas que eres válido para entrar en ese mundo tan ambicioso de orden espiritual que permite la sanación de tu organismo hasta el mínimo detalle de tu anatomía sin tener en cuenta al tiempo.

Puedes ganar o perder en la batalla contra el ego, pero siempre habrá un espacio reservado para la mujer que escala su montaña del Amor a Todo lo Que Es y se acerca al Monte de Venus para saldar las deudas pendientes del corazón con la espada en la mano y el brillo de la luz en su mirada.

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